Pensar en los medios sociales como lugares

Pensar en los medios sociales como lugares

El post de Heather Ford, New Geographies, en su blog recientemente lanzado, Ethnography Matters, es una lectura maravillosa. Ella hace una muy buena pregunta – ¿cómo sabemos cuando nos hemos movido de un lugar a otro cuando estamos en línea? ¿Y por qué las preguntas que hacemos sobre los medios sociales, la obligan a una dicotomía entre lo malo y lo bueno?

¡suscríbase a Ethnography Matters! Heather fue la mente maestra maravillosa detrás de este blog que también estoy orgulloso de ser parte del equipo!

He tomado un extracto del siguiente post:

Y si lo que define un lugar son sus señales, sus límites, las formas de hacer que se dan por sentadas, lo esperado y lo inesperado, ¿cuáles son los equivalentes en los espacios online? ¿Cómo sabemos que hemos dejado un espacio y hemos llegado a otro? ¿En qué se diferencia la experiencia de los forasteros (o n00bs) de la de los locales?

Esta nueva forma de pensar sobre los medios sociales (al menos nueva para mí) surgió cuando me pidieron que hablara en una conferencia sobre el “papel crucial de los medios sociales” en Oriente Medio y otros lugares. En la descripción de la sesión estaba enterrada la pregunta:’¿Lo que sucedió en los disturbios de Londres disminuye el poder de los medios sociales? Mientras pensaba en qué decir y qué se esperaba de mí, me llamó la atención que el problema con la forma actual en que se enmarcan las preguntas sobre los medios sociales es que requieren definir los artefactos tecnológicos como buenos o malos, cuando podría ser más apropiado hablar de la tecnología como un lugar en el que las cosas buenas y malas pueden suceder, y de hecho lo hacen.

Si enmarcamos los medios sociales como lugares, podemos entender mejor el papel de las personas en esos lugares, en lugar de hablar de las características técnicas de Facebook o Wikipedia como determinantes de un tipo particular de comportamiento. Mirando sólo las “malas” características de privacidad de Facebook, por ejemplo, estamos tentados a asumir que “la privacidad está muerta” debido a la “compartición forzada” que está ocurriendo a través de los cambios en la tecnología. Pero este punto de vista no representa las formas en que las personas se autocensuran o se mueven a espacios más íntimos para proteger su privacidad, algo que noté en mi estudio de la privacidad en un contexto educativo, por ejemplo.

Mark Graham, geógrafo de Internet del Oxford Internet Institute, se pregunta: “¿Cuál es la geografía de los artículos en Oriente Medio y África del Norte, y cómo se compara esto con el resto del mundo?

Enmarcar los medios sociales como lugares nos permite darnos cuenta de cómo nos movemos entre plataformas (por ejemplo, Facebook y Google+) no sólo por los nuevos y brillantes gadgets que encontramos allí, sino también por las personas que habitan esos espacios. Es el flujo de personas y prácticas lo que define el lugar tanto como sus características paisajísticas y arquitectónicas. Facebook, por ejemplo, se define por límites particulares (mi página, tu página, una fotografía que pertenece a un grupo en particular), formas dadas por sentado de hacer cosas que definen la desviación y la conformidad entre grupos particulares (no seas amigo de tu profesor, no envíes demasiadas actualizaciones e inunde los flujos de tus amigos, no etiquetes las fotos borrachas de tus amigos) y artefactos (el flujo de actividades, la pared y los álbumes de fotos) que, tomados juntos, definen el lugar.

Parece bastante obvio cuando se piensa en ello, y no es una nueva forma de pensar en la tecnología: hemos estado hablando de ir en línea y migrar desde diferentes sistemas operativos durante un tiempo. Pero el hecho de que nos sorprenda que Google+ no esté actualmente lleno de gente, o que más kenianos no estén contribuyendo a la Wikipedia en swahili, o que las mujeres constituyan un porcentaje tan pequeño de las ediciones de Wikipedia, sugiere que estamos pensando demasiado en los medios sociales como cosas y no como lugares. Si pensáramos en Google+ como un complejo grande, brillante y nuevo, empezaríamos a entender que la gente no se moverá necesariamente allí sólo porque la tecnología es mejor cuando pocos de sus amigos están allí.

El aspecto clave que echamos de menos al pensar en los sitios sociales como artefactos tecnológicos es que tendemos a ignorar la cultura y el poder, dos aspectos realmente grandes y resbaladizos de lo que hace que ciertos tipos de personas tengan ciertos tipos de conversaciones en determinados espacios en línea, y de lo que define quién se siente bienvenido o no bienvenido a participar. Nos ha llevado a definir Wikipedia o Facebook a un nivel de granularidad que no es lo suficientemente profundo como para comprender realmente lo que está ocurriendo allí, dónde se ubica el poder y cómo podríamos diseñar para fomentar determinadas creaciones y conversaciones. No se trata sólo de entender las posibilidades del software. Para entender la colaboración de Wikipedia, no sólo puedo mirar el software MediaWiki – de la misma manera que para entender Kenia, no podía simplemente leer sobre su marco legal o mirar las estadísticas sobre el país. Estar allí, experimentar cómo la gente me habla, notar lo que dicen las señales y lo que dejan fuera, es parte del viaje necesariamente largo hacia una comprensión completa del lugar.

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